Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que seas.

“No me juzgues por mis éxitos,

júzgame por las veces que me caí y volví a levantarme.”

Nelson Mandela

Si necesitases aprender a montar en bici, ¿Qué preferirías escuchar?

– ¡No quiero volver a oírte decir que tienes miedo!

– ¡Deja de llorar ya!

– ¡Súbete en la bici ahora mismo, no me seas bebé!

O bien:

– Voy a estar a tu lado en todo momento.

– ¡Puedes hacerlo!. Si no es hoy, lo intentaremos de nuevo mañana.

Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que seas.

Si fueses un poco torpe y desorganizada, ¿qué te motivaría más?

– ¿No puedes hacer nada bien? ¡Eres un desastre, siempre estás perdiéndolo todo!

– ¡Ya se te ha vuelto a caer la leche! ¡siempre igual!

O bien:

– Todo el mundo comete errores, esa es la manera de aprender.

– ¿Qué puedes hacer diferente la próxima vez?

– No pasa nada, eso le puede pasar a cualquiera. Coge un trapo y límpialo porfa.

Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que sea

Si necesitases perder peso, ¿qué sería más motivador ?

– Estás gorda, no pienso comprarte ni un dulce más hasta que no adelgaces.

O bien:

– ¡Vamos a dar una vuelta en bici!

– ¿Qué te parece si hacemos un baile juntas? tú escoges la canción.

Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que sea

Si necesitases mejorar tu higiene, ¿cómo te sentirías más motivada?

– ¡Uf!, hueles horrible, no hay quien esté a tu lado.

O bien,

– ¡Qué bien hueles recién duchado! ¿Qué te parece si vamos al súper y escoges el gel con el olor que más te guste para usarlo en tu ducha diaria?

Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que sea


Seguramente, todos en nuestra vida hemos cometido errores, hemos roto algo o sentido miedo a la hora de enfrentarnos a nuevos retos.

¡Ojo con las expectativas!

Con frecuencia nos impacientamos ante los errores de nuestros hijos. Muchas veces tenemos determinadas expectativas en cuanto a la velocidad a la que deberían aprender algo, y que ésta sea más lenta de lo que esperábamos nos frustra enormemente. Esa frustración nos hace perder la paciencia, y en ese momento sale nuestro trol interno, que dice cosas como, ¡anda ya! ¿cómo es posible que te de miedo dormir solo? ¿quieres irte a la cama de una vez?.

No somos conscientes de que ante las dificultades de los niños, nuestros comentarios pueden ser poco o nada empáticos. Es importante respirar, y tratar de ponernos en los zapatos de nuestros hijos antes de dar nuestra opinión. Tal y como lo haríamos con nuestra mejor amiga.

Con cada mirada de desaprobación, con cada movimiento de cabeza que indica decepción, cada vez que ponemos los ojos en blanco en señal de impaciencia, lo que estamos consiguiendo es que el niño pierda confianza en sí mismo y en sus capacidades, se sienta menos brillante y más derrotado y bloqueado.

Con el tiempo, esas críticas constantes, hacen que el niño crea que no es lo suficientemente bueno.

Es cierto que la línea entre orientar al niño de manera constructiva, y utilizar nuestra autoridad para avergonzarle es muy fina. Por supuesto en ambos casos, tenemos nuestras mejores intenciones. El caso es que sea como sea, llega un momento en que el niño siente que haga lo que haga, nunca parece ser lo suficientemente bueno, empieza a integrar, que menos que perfecto, no es aceptable.

Y yo me pregunto, ¿tiene sentido que un niño crezca con la presión de ser aceptado y querido por lo que HACE y no por lo que ES? Probablemente no, porque eso no le permite SER.

¿Cómo puedes ayudarle?

Si de verdad crees que hay un mal hábito que necesita modificar, simplemente predica con el ejemplo, o dale herramientas que le ayuden en su cambio. En el caso de un niño olvidadizo podéis tratar de hacer checklists que le ayuden a comprobar que ha recordado hacer todo lo que necesitaba.

Es muchísimo más motivador para un niño que le demos la responsabilidad sobre sus cosas, que estar encima de él todo el rato. Por ejemplo si tiene un tiempo determinado para jugar a videojuegos, es mejor que le facilitemos un reloj en el que pueda ponerse una alarma para parar cuando le corresponda, que estar encima de él. Confiemos en nuestros hijos, confiando en ellos, les mostramos que sabemos que pueden ser lo suficientemente maduros, y esto automáticamente deriva en una mejor gestión de sus responsabilidades.

¿Alguna vez has intentado algo con todas tus fuerzas y aún así no lo has conseguido? ¿Cómo te sentías? Pon el foco en el esfuerzo que ha hecho tu hijo para conseguir algo, mucho más que en el resultado obtenido, y no olvides regalarle frases motivadoras como, ¡qué orgulloso tienes que estar de ti mismo por todo lo que te has esforzado!

¡Prepárate para ver a tu hijo florecer!

Verás a tu hijo florecer, confiar en sus propias capacidades, darse cuenta de que es un ser de infinitas posibilidades, y de que no importa caer, lo que importa es levantarse cuando cae, y que equivocarse no es un drama, porque unas veces se gana y otras se aprende! ;)

Afortunadamente, los seres humanos no somos perfectos.

No olvides que…

  • Las malas caras avergüenzan, los estímulos hacen crecer.
  • La crítica paraliza, la compasión libera.
  • La exasperación cierra, la paciencia abre.
  • Culpabilizar destruye, alabar construye.
  • El rechazo bloquea, el amor incondicional hace florecer.

 

Si fueses un niño tratando de conseguir algo, ¿qué comentario sería más motivador para ti?

¡No creo que lo vayas a conseguir jamás!

O bien:

Te quiero, siempre te querré, hagas lo que hagas y seas lo que seas.

¿Qué es lo primero que puedes hacer para demostrar a tu hijo que le quieres incondicionalmente y así estrechar vuestra relación?

¡Anda cuéntame! ;)

Helena Ruiz Pino

 

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