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Las palabras NO se las lleva el viento

Las palabras NO se las lleva el viento

“Las palabras son mitad de quien las pronuncia, mitad de quien las escucha.”
Michel Eyquem de Montaigne

Quien quiera que dijo “Las palabras se las lleva el viento” no podía estar más equivocado. Las palabras, no solo no se las lleva el viento, sino que calan en nuestros huesos, en nuestro pensamiento y en nuestra alma.

El lenguaje que utilizamos en casa, ya sea con nuestra pareja, nuestros hijos, e incluso con nosotros mismos, es como la banda sonora que se crea en nuestras cabezas de esa película que es nuestra vida.

No hablo tanto de momentos puntuales, como de las conversaciones que mantenemos en el día a día. A menudo no nos damos cuenta de cómo de hostiles y críticos estamos siendo, incluso creemos que estamos siendo instructivos. Por ello es importante que empecemos a escucharnos hablar, para hacernos conscientes de que tono estamos utilizando cuando lo hacemos, para no hacer daño a las personas que son más importantes para nosotros. A menudo el tono hiriente es tan sutil, que ni siquiera nos damos cuenta, pero nos sorprendería saber que tipo de cosas hieren los sentimientos de nuestros hijos sin que ni siquiera nos demos cuenta. Quizás creemos que estamos haciendo una simple observación pero a ojos de nuestros hijos suene como una acusación. Así que elijamos nuestras palabras y nuestro tono con cuidado y delicadeza especialmente a la hora de tratar con nuestra familia, ya que ellos son las personas más cercanas y más queridas.

Nada de lo que el niño escucha cae en saco roto, incluso cuando no va dirigido a él directamente. La manera que tenemos de comunicarnos con nuestra pareja o nuestro ex, la manera en la que resolvemos los conflictos es el modelo a seguir por el niño en lo que se refiere a amor y respeto. La manera en la que nos comunicamos, establece los pilares de la comunicación en nuestra casa, y es lo que les da a los niños seguridad o inestabilidad.

Es cierto que cuando estamos atravesando turbulencias, ya sea en nuestra relación, en el trabajo o a nivel personal, es tremendamente retador proteger a nuestros hijos de nuestras miserias, pero es precisamente en esos momentos cuando más atentos necesitamos estar. Siempre que sea posible protejamos a nuestros hijos de nuestra ira y de nuestra frustración. Los niños a menudo nos idealizan, al menos hasta que son adolescentes (después nos caemos del pedestal con más o menos gracia ;)), somos las personas en quien confiar y a quien imitar, así que trata de ser tu mejor versión y de poner en marcha los comportamientos que quieres que tus hijos modelen.

En momentos de flaqueza, pregúntate siempre, ¿cómo afectará esta manera de hablar al desarrollo de mis hijos? ¿qué es lo que aprenderán de esto? ¿qué creencias sobre ellos mismos les generará? Hay veces que sólo esto nos ayuda a dar un paso atrás para modular la rabia y hablar de manera diferente.

Y hablando de las creencias y el auto-concepto que nuestras palabras pueden generar en nuestros hijos, tengamos especialmente en cuenta, que cuando avergonzamos a nuestros hijos, eso se traduce en sus cabecitas como que no son personas valiosas o merecedoras de amor.

Imagina que estás en una comida con amigos, y tu hijo se acerca entusiasmado a contarte algo que le ha ocurrido interrumpiendo tu conversación. Digamos que tienes al menos dos opciones. Una opción sería decirle algo como -No me interrumpas, es que no ves que estoy hablando? o decirle, – Cariño me muero por escucharlo, ahora mismo los mayores estamos hablando, en cuanto paremos te busco y me lo cuentas! son respuestas que consiguen lo mismo ante una misma situación pero la manera en que el niño las va a integrar y el sentimiento que le va a generar acerca de si mismo es absolutamente diferente. Con la primera respuesta generamos un “Lo que a mi me pasa no es importante y molesto a mis padres”, y la segunda es “Mis padres se interesan por lo que quiero contarles, mis padres me respetan, debo respetar “mi turno” de palabra cuando otros están hablando”

Ey! No te vengas abajo! todos lo hacemos! Ningún padre del mundo es constantemente paciente y  consciente de las palabras que utiliza, ningún padre es perfecto, pero si practicas, y tratas de chequear si puedes decir las cosas con diferentes palabras, un tono más amable o expresión corporal más abierta, lo terminarás incorporando como un hábito, y lo que es más importante, tus hijos lo modelarán e integrarán desde pequeñitos. ¿Qué situaciones crees que disparan especialmente tu lenguaje basura? ¿qué expresiones sueles utilizar en esos casos? ¿por qué otras frases puedes sustituirlas?

No dejes de contarme! todos aprendemos de todos!

Mucha suerte! y a practicar! :)

Helena Ruiz

 

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