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El día en que mi cuerpo dijo ¡hasta aquí hemos llegado bonita!

El día en que mi cuerpo dijo ¡hasta aquí hemos llegado bonita!

“Cuida tus propias emociones y nunca las subestimes.”

Robert Henri.

Siempre estaba ahí. SIEMPRE. La luz parpadeante de mi teléfono siempre insistente recordándome  que me habían llegado nuevos mensajes que debía de responder, nuevas preguntas que debía contestar, nuevas reuniones o eventos a los que debía atender, ¿y que hacía yo? responder, contestar y atender. Atender a todos y a todo, menos a lo que de verdad era prioritario. Mi familia y yo misma.

Había días en que me lo tomaba con un resignado “es lo que hay” y había días en los que me prometía que en algún momento bajaría el ritmo y desconectaría en cuanto llegase a casa. Algún día, dedicaría tiempo a lo verdaderamente importante, algún día…

Solo que ese “algún día” nunca llegaba. Sólo me engañaba a mi misma…

Me ponía todo tipo de excusas, “es sólo un pico de trabajo”, “estás tan cansada que es normal que no duermas bien”. Y además me contaba a mi misma una mentira tras otra, “ya vendrán tiempos mejores”, “tienes poco tiempo para tus hijos, pero el poco tiempo que les dedicas es de calidad”, pero ¿cómo iba a ser de calidad si después de las jornadas maratonianas en lo único que podía pensar era en meterme en la cama y dormir un mes seguido?

Pero cuando me daba cuenta de que me ponía excusas, de que me contaba mentiras, yo hacía la vista gorda, era indulgente conmigo misma, salvo por el hecho de que tenía un sentimiento de culpa, y una sensación de incoherencia que todo el rato me recordaba que eso no era vida. Era como un hamster corriendo a toda velocidad dentro de la rueda de su jaula, pero hamstercillo, adonde vas con tanta prisa?, no lo sé, pero no puedo parar…

Mi cuerpo me mandaba señales de que algo no iba bien en forma de contracturas o de largas noches sin dormir, y yo, digamos que le ignoraba, pero él estaba dispuesto a salirse con la suya, se iba a hacer oír fuese como fuese, así que se encargó de hacerme parar en seco, ¡hasta aquí hemos llegado bonita! y un buen día enfermé.

A partir de ahí, toqué fondo, me dejé a la deriva durante mucho tiempo, había despilfarrado tanta energía que ya no tenía fuerza para nada más,  pero por suerte, después de vivir los meses más duros de mi vida, poco a poco y dedicando todos los recursos que tenía en mi mano para recuperarme, ese estar en el fondo me sirvió para apoyar bien los pies, coger impulso con fuerza de titán y salir a la superficie a coger aire y energía. Y aquí estoy, I’m a survivor! :)

Si hay algo que saqué en claro de toda esta experiencia, es que soy mucho más consciente, de donde estoy y donde quiero estar, de lo que me hace bien y me impulsa y de lo que me hace sentir pequeña. Trato de mantener cerca lo bonito y alejar lo tóxico. Ahora sé, que ese “algún día tendré tiempo para dedicarle a lo verdaderamente importante” llegó a mi vida y llegó para quedarse.

Disfrutar de hacer las cosas más pausadamente, dedicarme tiempo a mí, a mi chico y mis fideos. Sentir que de verdad lo que hago para ganarme la vida me hace feliz y además ayuda e inspira a los demás, es una sensación de plenitud maravillosa. Así que sí, después de todo, he de decir: -Gracias Sr. Cuerpo por haberme hecho despertar, por haber hecho que ese “algún día” llegase. :)

Y tú? Tienes muchos “algún día” pendientes? Si estás pensando “algún día” dejaré un comentario, no lo dudes, ese día ha llegado!

¡Que el día te sonría! :)

¡Un gran abrazo!

Helena Ruiz

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