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Diferencias conyugales

Diferencias conyugales

Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.

M. Ghandi

Tengo la gran suerte de que mi pareja y yo somos dos personas distintas. Tenemos gustos diferentes, formas de actuar diversas y modos de pensar que no siempre coinciden. Incluida la educación de nuestros hijos. Y repito, esto es una gran suerte. Suerte porque los dos coincidimos en enseñar a nuestros hijos en la tolerancia, en el respeto a las opiniones del otro y en que la diferencia enriquece.

Es cierto que vamos de la mano en cuanto a cómo tratamos y educamos a nuestros hijos: desde el respeto y la comunicación, desde el cariño y la empatía. Sin embargo, a la hora de fijar límites y consecuencias hay veces que no coincidimos y es aquí donde la confianza en el otro nos hace fuertes como padres. Él respeta los límites y consecuencias que yo puedo marcar a los niños y yo respeto los suyos. Y, en privado, sin los niños delante, hablamos de las cosas que nos separan y así logramos entendernos.

Hablar desde la empatía, entendiendo como empatía el entender el punto de vista de la otra persona sin tener por qué estar de acuerdo en lo que dice, nos hace crecer. Hablar desde la empatía nos hace ser conscientes de la importancia del respeto a la opinión del otro. Y, por supuesto, del respeto a la opinión de uno mismo.

El estar de acuerdo en que no siempre tenemos que estar de acuerdo nos enriquece.

 

Nuestros hijos nos perciben como una unidad familiar con unos valores y una manera de actuar que nos hace ser “nosotros”. Al mismo tiempo, ellos ven que sus padres no son un solo bloque, sino que son dos personas individuales con dos maneras de ejercer la pater-maternidad diferente. En algunas ocasiones yo soy más estricta y él más flexible y en otras, las cosas cambian. Es una forma de hacerles darse cuenta de que no hay una sola manera de ver el mundo, sino muchas. Y que los puntos de vista diferentes son válidos y están permitidos. Un hogar en el que hay diversión de opiniones les va a ayudar a ser más tolerantes en el mundo. O eso espero.

Estamos preparando a nuestros hijos para un mundo del que poco sabemos.

 

No sabemos cómo va a ser el mundo dentro de unos años.  Lo que sí sabemos es que a nuestros hijos les va a marcar cómo están siendo educados. Me gustaría que entendieran que les estamos educando desde la aceptación, la tolerancia y, por supuesto, el amor incondicional. Si quiero que mis hijos el día de mañana sean personas tolerantes he de hacerlo desde el ejemplo. Como padres tenemos la oportunidad de hacer que nuestros hijos vivan en un mundo más abierto y comprensivo. Debemos ser su ejemplo: seamos responsables y enseñémosles lo que es la tolerancia siendo tolerantes.

¿Y tú? ¿Eres tolerante contigo mismo y con los que te rodean?

¡Feliz semana!

Esther Santamaría.

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