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El lenguaje de antes y de ahora

El lenguaje de antes y de ahora

Existe un lenguaje que va más allá de las palabras Paulo Coelho Esta tarde estoy un poco melancólica. Será porque abril ha empezado como tiene que empezar: lloviendo. Será porque he tenido un rato para parar y justo en ese momento en la radio han puesto la canción “Canción a mi hijo” de José Luís de Perales (sí, ¡Perales! Suena a “viejuno”; a largos viajes por Despeñaperros en el Renault 12 de mis padres) y las piezas del puzle han encajado. Habla de un padre que le cuenta un cuento a su hijo y le va diciendo que se lo cuenta por lo que el niño ha hecho durante el día (lavarse las manos, desayunar, ir al colegio,…). El porqué le cuenta el cuento da igual. El padre le quiere por lo que el niño es y no por lo que el niño hace, aunque en la canción le esté diciendo una y otra vez que le quiere por lo que ha hecho durante el día. Si el niño no se hubiera lavado las manos, el padre le hubiera contado el cuento igualmente, y seguiría queriendo a su hijo igualmente. El padre hubiera buscado cualquier motivo para contarle el cuento y así disfrutar con él de ese momento mágico. Puedes escuchar la canción aquí y ver qué te hace sentir. Es cierto que el lenguaje es importantísimo y que tenemos que prestar atención a qué y cómo decimos las cosas. No sólo a nuestros hijos, sino a todas las personas con las que tratamos a lo largo del día. Es importante que el niño comprenda que le queremos por quién...
Unas veces se gana y otras se aprende! ;)

Unas veces se gana y otras se aprende! ;)

“No he fracasado. He encontrado 10.000 soluciones que no funcionan” Thomas Alva Edison Ven, yo te ato los cordones, mejor yo te echo la leche, ¿seguro que has estudiado lo suficiente?, ¿te has aclarado bien el pelo? Yo te extiendo la mantequilla… Mil veces al día hacemos cosas por nuestros hijos para evitar que hagan las cosas “mal” esperando así, que esto les haga ganar confianza. ¡Super mami al rescate!  Pero, ¿y si dejas que tus hijos se equivoquen? Está claro que queremos lo mejor para nuestros hijos, evitarles dolor y frustraciones, pero ¿y si resulta que les estamos haciendo más mal que bien? Cuando los niños no experimentan lo que es fracasar, pierden la valiosa oportunidad de aprender de sus errores y saber cómo mejorar para el futuro. Los niños que no conocen el fracaso tendrán dificultades para saber qué hacer cuando surjan problemas – no tendrán confianza cuando les toque asumir un reto,  ni podrán enfrentar con valentía sus problemas. Como padres, podemos estar demasiado enfocados en que consigan éxito a corto plazo, pero esto afecta directamente el potencial de nuestros hijos a largo plazo, y los niños tienen tanto potencial como les dejemos desarrollar. En cambio, cuando permitimos que nuestros hijos se enfrenten al fracaso, aprenden a encontrar soluciones creativas a sus problemas. Cuando les rescatamos constantemente, los niños se acostumbran a pensar que todo es fácil, que todo sale siempre bien- y claro! nada más lejos de la realidad. Los niños que no están acostumbrados a enfrentarse al fracaso, desarrollan miedos a enfrentarse a situaciones en las que creen que puedan fallar. Inevitablemente irán creciendo,...

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